Algunos aspectos del Problema Cafetero en Venezuela y las Tareas del P.C.V.
Caracas, 17 de febrero de 1950
Origen del café en Venezuela. Las tareas del Partido Comunista de Venezuela
Por recomendación de los camaradas de “Tribuna Popular”, me he dado a la tarea de escribir este artículo, para exponer a grandes rasgos algunos aspectos del problema cafetero en nuestro país, con el objeto de llamar la atención del Partido en el sentido de orientar parte de nuestro trabajo en el campo hacia la organización y dirección de los medianos y pequeños caficultores y de los obreros agrícolas que trabajan de la producción nacional.
Origen del café en Venezuela
Según afirman los datos históricos existentes en nuestro país, el cultivo del café se inició en los años 1730 a 1732, utilizando a los indios y negros sometidos a las relaciones de servidumbre y esclavitud implantadas por los españoles colonizadores. La producción cafetera empieza a tener importancia económica nacional a partir de los años 1783-1784, cuando se establecieron las primeras plantaciones de tipo comercial en la hacienda “Blandín” del Distrito Federal y luego en el territorio del hoy Estado Miranda. Para 1808, la producción cafetera alcanzaba ya los cien mil quintales. Por la fertilidad de la tierra venezolana en las regiones altas, este cultivo se extendió rápidamente hasta convertirse junto con el cacao, en el primer renglón de producción en los últimos tiempos de la colonia y en las épocas subsiguientes.
El cultivo extensivo del café impide una mayor producción
En Venezuela, con su 12 por ciento de extensión montañosa, con suelos fértiles y climas propicios para esta clase de cultivo, el café se desarrolló rápidamente hasta llegar a producirse en 19 de los 20 Estados venezolanos.
Los caficultores venezolanos en medio del atraso general que ha caracterizado nuestra producción agrícola, han cometido el error de realizar este cultivo en forma extensiva, en haciendas establecidas en apartadas regiones de difícil acceso, donde la ayuda técnica en el régimen latifundista que impera en nuestra agricultura es ineficaz. Según el Departamento de Café del MAC (Ministerio de Agricultura y Cría) la extensión cultivada de este fruto alcanzaba para 1946 a 384.652 hectáreas en las que se encuentran plantados millones de cafetos que podrían estar sembrados en una extensión menor, donde los recursos técnicos y la asistencia aseguraran una mayor producción de granos por cafeto y por hectárea, ya que la que tenemos, de 126 gramos por planta y 3 quintales por hectárea, es apenas la mitad de la producción que se cosecha en otros países caficultores donde la explotación se realiza en forma intensiva y con arreglo al uso de recursos técnicos apropiados a este cultivo. Cambiando en forma positiva los métodos de producción alcanzaríamos 200 gramos por árbol que es apenas la producción media de otros países, -Brasil produce hasta 1725 gramos por árbol- lo cual sin recurrir a ocupar nuevas áreas con este fruto, nos pondría en capacidad de duplicar por lo menos nuestra capacidad productora de café.
Esta cuestión del cultivo del café en forma extensiva y con baja productividad, además de las relaciones feudales imperantes en el campo, dio como resultado que los peones, colonos y arrendatarios, abandonaran las haciendas marchándose hacia los campos petroleros y ciudades industriales. Estas haciendas no pudiendo ser cuidadas de nuevo, fueron además, abandonadas en gran parte por sus propietarios. Esto ha contribuido a que la producción de café disminuyera a poco más de la mitad (55) por ciento de 1913 a 1948.
El beneficio del grano
Pero si en la siembra, los caficultores venezolanos han incurrido en el error antes citado, en el beneficio del grano –hasta ponerlo en condiciones de ofrecerlo al mercado- han incurrido igualmente en el error de no emplear medios técnicos para esta labor, manteniendo la producción durante muchos años, en condiciones de calidad inferior con relación al café beneficiado en otros países, a pesar de la buena calidad del fruto venezolano. Y es que el café después de recogido del árbol hay que descascararlo, para lo cual en nuestro país se usan fundamentalmente dos métodos: “lavado” y “trillado”. El café “lavado” es considerado en los principales mercados de exportación, como café de mejor calidad que el “trillado”. Sin embargo, como se puede ver en la estadística de exportación, en los años 1933, 1934, 1935, 1936 y 1937, por ejemplo, la exportación de café “trillado” cubrió el 60, 70, 59, 66 y 56 por ciento del café exportado, mientras en los mismos años, el café “lavado” ocupaba solamente el 39, 28, 38, 32 y 40 por ciento de la exportación.
Tal cosa entre otras, ha contribuido a la pérdida de buena parte del mercado cafetero venezolano y a abrir el paso a los competidores.
En este sentido, hay que reconocer que la industria cafetera, ha mejorado en los últimos años, superando esta falla en buen porcentaje, hasta llegar al año económico 1946-1947, con una producción calculada en los 741.000 sacos de 60 kilos, de los cuales el 70 por ciento es café “lavado” y el 30 por ciento restante café “trillado”. Esta mejora en el beneficio se debe a la instalación de tanques para fermentar el café; construcción de modernos patios para el grano “lavado”; máquinas secadoras, máquinas descerezadoras y a la campaña de orientación técnica que en los últimos años se ha venido realizando en los centros de producción.
Esta sola mejora en el beneficio del grano dio a los caficultores en 1940 apreciables ganancias. Veamos lo que dice el señor Jaime Henao Jaramillo en un trabajo publicado en Septiembre de 1947: “La Campaña de Mejoramiento del grano de café, iniciada en 1940, ha traído para los caficultores nacionales evidentes beneficios, como se deduce de que en el año de 1946, la exportación de café “lavado”, fue de 69,84 por ciento, lo cual representa un aumento de 24,66 por ciento de café fino, que sobre una exportación promedio de 500.000 sacos anuales, daría 123.000 sacos más de café “lavado” que a razón de Bs 20 por cada quintal, que es la diferencia de precio entre las calidades de café “lavado” y “trillado”, representa una mayor entrada para los caficultores de Bs 2.466.000 anuales”.
Esta cantidad puede ser superada en la medida que mejoremos y aumentemos la producción de café “lavado”, que como hemos visto tiene mayor demanda en el mercado de exportación.
Principales regiones productoras de café
Como dijimos anteriormente en 19 de los 20 estados –solo Nueva Esparta no produce- se cultiva este fruto que constituye nuestro principal renglón de exportación agrícola. En el año de 1947-1948, la cosecha llegó a los 778.794 sacos de 60 kilos. De esta cantidad se produjeron 185.821 sacos en el Táchira, principal estado productor, siguiéndole Lara con 100.625 sacos; Trujillo con 91.536 sacos y Mérida con 87.080 sacos, o sea que estos cuatro estados produjeron 465.086 sacos, que representan más de la mitad de la producción nacional cafetera. Esta producción representó igualmente este año, el 70 por ciento de café “lavado” y el 30 por ciento de café “trillado”.
A pesar de este aumento en la producción cafetera, todavía estamos lejos de lograr la producción alcanzada en el año económico 1928-1929, y aún más lejos de la de 1913 en que se han registrado las mayores cosechas de este fruto en nuestro país, y cuya sola exportación alcanzó a 1.006.767 sacos de 60 kilos en 1928-29 y a 64 y medio millones de kilos en 1913.
Nuestros productores de café según el censo de 1940
Los datos estadísticos que nos suministra el Censo Cafetero, levantado en 1940, nos indica que existen 69.855 propietarios de fincas cafeteras y 66.821 arrendatarios en haciendas de café. Los propietarios se clasifican así: 10.668 propietarios poseen fincas de menos de 1.000 árboles; 39.489, son propietarios de fincas de menos de 5.000 árboles; 15.691 son propietarios de fincas menores de 20.000 árboles; 3.382 son propietarios de fincas de 20 a 100.000 árboles y 635 son propietarios de fincas de 100.000 a 1.000.000 de árboles. Tal cosa indica que buena parte de los productores de café en Venezuela, son medianos y pequeños caficultores, quienes son por otra parte, los que menos ayuda crediticia y técnica han recibido en su lucha por mantener los cultivos.
El censo citado, establece, como antes dijimos, la existencia de 66.821 arrendatarios. Sobre esto quiero hacer énfasis, por cuanto sobre este crecido número de nuestros productores, que alcanza casi el 50 por ciento del total de los cultivadores de café, pesan las peores condiciones de explotación por parte de los latifundistas caficultores, que por la renta de la tierra les llevan buena parte de la cosecha
En Lara, por ejemplo, los dueños de tierras hacen este jugoso negocio: Entregan al aparcero o colono, una parcela de montaña, que este tiene que talar, limpiar y preparar para sembrar la plantación. Pasados 4 o 5 años, en que el aparcero o colono, ha tenido que atenderla haciendo todos los gastos, recoge la primera cosecha. De esta debe entregar 11 y medio kilos de café por cada carga de 92 kilos que recoja. Esta relación continúa indefinidamente durante todos los años. Pero esto no es todo. En muchos casos el arrendatario tiene que entregar también, durante esos 4 o 5 años, parte de los frutos menores que ha sembrado para ayudarse a sostener mientras el café produce. Se trata de cambures, quinchonchos, ñames, aguacates, etc. De éstos entrega el medio o el tercio según hayan convenido. De manera que la renta es pagada en especias varias veces.
Pero hay algo más, como muchos de los grandes caficultores son también grandes comerciantes de las cabeceras de Distrito y de Municipio, encontramos que el campesino para lograr la primera cosecha ha tenido que endeudarse, y como al entregar el café que le ha quedado después de pagar el arriendo, no logra cubrir la deuda, que en muchos casos ha sido aumentada injustificadamente, por el sistema de apunte de más y el alza indebida de los precios, queda debiendo para la próxima cosecha y así sucesivamente, hasta que es rematada la plantación. Tal cosa ha sido corriente en Guarico, importante zona cafetera del Estado Lara, donde algunos caficultores han aumentado sus fincas por medio de este inhumano y criminal sistema de explotación. Y al campesino no le queda otro recurso para no morir de hambre, sino volver a sembrar otra parcela y esperar 4 o 5 años más. Tal fue el reciente caso del campesino José Ignacio Gil con mujer y 7 hijos, a quien lo remataron en tres ocasiones por medio de combinaciones leguleyas y al amparo de jueces inescrupulosos del Municipio Guarico. Y tal es el caso de una casa de Comercio del mismo Guarico, que según afirma en “Latifundio” el doctor Miguel Acosta Saignes, remató en los últimos 10 años, antes de la muerte de Gómez a 90 pequeños propietarios, entre los cuales, seguramente, se encontraba una mayoría de arrendatarios caficultores.
Este numerosísimo grupo de productores de café, no tiene por otra parte, ninguna ayuda oficial; sus siembras están ubicadas en empinados picachos, sin caminos vecinales, sin sanidad y sin asistencia médica. Durante la baja del café han llevado las peores condiciones de vida y de trabajo. La mayoría de ellos son a la vez, obreros temporeros de los grandes caficultores, quienes por otra parte les pagan salarios de hambre.
Los caficultores venezolanos en manos de los exportadores y comerciantes usureros
La totalidad de los medianos y pequeños caficultores casi como también los arrendatarios están en manos de los comisionistas usureros a quienes por la falta de una efectiva y rápida ayuda crediticia oficial, tienen que recurrir, en solicitud de préstamos que luego son pagados con la cosecha. Es tan cierto esto, que en una publicación del Departamento de Café del MAC, de Septiembre de 1947, se establece que no existe un 5 por ciento de caficultores libres de los prestamistas. De esto se desprende, la necesidad de mejorar y aumentar seriamente la distribución de créditos oficiales entre los caficultores necesitados, sin los trámites innecesarios, que dificultan la acción crediticia y hacen que los grandes recursos que el estado venezolano ha invertido, destinados a salvar este cultivo y a mejorarlo, vayan a parar a manos de quienes menos los han utilizado para estos fines, como aconteció con el subsidio de 10 millones de bolívares que, como ayuda a los productores de café decretado en el año económico 1934-1935, y con el crédito de 8 millones de bolívares, decretado el 15 de octubre de 1940, para ayudar a la industria cafetera. Con fecha 27 de septiembre del año 1949, fue decretada la creación del “Fondo Nacional del Café”, destinado al fomento y defensa de la industria cafetera. Este nuevo organismo, de no orientarse hacia la protección de la gran masa de medianos y pequeños caficultores, no hará nada positivo frente a la producción de este cultivo.
Hermoso ejemplar de cafeto a libre crecimiento, cuya forma y desarrollo han sido dirigidos por medio de una poda adecuada
Sólo una acción organizada y unificada de los pequeños y medianos caficultores, propietarios y arrendatarios, puede modificar esta situación e impedir, que las ganancias que en la actualidad está produciendo el alto precio del café, vayan a parar a los bolsillos de los comerciantes y grandes caficultores que sirven de intermediarios y monopolistas.
El precio actual del café
De algún tiempo para acá, el precio del café ha venido mejorando, hasta llegar a cotizarse en plaza hoy a Bs 165 el quintal de “lavado” y a Bs 150 el quintal de “trillado”. Este precio representa un serio aumento en relación con el precio de los años anteriores, por ejemplo del 39 al 44 en que lo más a que se logró cotizar fue a Bs 55 el quintal de “lavado” y a Bs 40 el quintal de “trillado”.
Y en cuanto al café molido de consumo interno fundamentalmente, el precio del kilo en el mercado ordinario es de Bs 6,50 y en el mercado libre a Bs 5,50 el kilo.
Tales precios prohibitivos para el bolsillo de los trabajadores, representan jugosas ganancias, que están aumentando el capital de los comerciantes y usureros, pues, como hemos señalado, debido al estado de dependencia de la usura en que se encuentra la mayoría de los caficultores, estas no llegan a las manos de los productores sino en muy pocas cantidad.
249.708 obreros agrícolas trabajan en la producción cafetera
Según el Censo que hemos venido citando en el trabajo de plantación, limpia, resiembra, recogida, cargada y beneficiada del café hasta ponerlo en condiciones de exportarlo o venderlo en el mercado exterior e interior, trabajan 249.708 trabajadores agrícolas. Esto sin contar muchos arrendatarios que realizan labores a los dueños de la tierra donde tienen sus pequeñas plantaciones. La mayoría de éstos, claro está, son obreros temporeros, que trabajan como tales, mientras duran las actividades cafeteras, ocupándose durante el resto del año, en labores agrícolas en sus conucos. Tal cosa es muy corriente en la zona de Sanare en Lara, y es general a todas las zonas cafeteras, donde los campesinos pobres, durante las cosechas de café se marchan a trabajar como obreros y después regresan a sus labores habituales.
Estos trabajadores son, sin duda alguna, la gente más explotada de nuestros campos en sus relaciones obrero-patronales. Para ellos no hay legislación del trabajo, no hay asistencia social, no hay amparo de ninguna especie que los proteja en sus peligros laborales. Sus salarios, por lo general, son muy bajos; desde un bolívar y la comida, hasta dos bolívares y la comida a los que trabajan por días. Y la comida, ya sabemos que se reduce a caraotas y pan de maíz dos veces por día. Y cuando se trata de trabajadores a destajo, que es el más común en las labores de recolección de la cosecha, la “lata” de café recogido, que es la medida utilizada para estipular la tarea, es pagada a precios muy bajos, que hace que el trabajador, por más que se esfuerce, nunca logra un regular salario.
En Yaracuy, por ejemplo, lo más común en el trabajo cafetero es el trabajo por día, en cuyo caso, los salarios no pasan de Bs. 3 sin comida.
Cuando el dueño de la finca conviene en el trabajo con comida, los trabajadores están obligados a realizar la “fajina” que consiste en buscar leña, agua, pilar maíz y asear la casa de la hacienda.
En 1946, el Gobierno dictó un decreto aumentando en Bs. 9,50 los salarios de los obreros que trabajaban en las fincas cafeteras. Este decreto, como la legislación del trabajo, no se cumplió sino en muy pocos lugares, debido a la falta de conocimiento que de él tuvieron los campesinos; a la falta de organización de éstos y a la negligencia y complicidad de las Autoridades del Trabajo, que no hicieron ninguna gestión para lograr su cumplimiento.
Son estas y no las que indica “La Esfera”, las razones por las cuales los braceros no quieren prestar servicios en las grandes fincas cafeteras. Es que en algunos lugares los campesinos, en su contacto con los obreros agrícolas de las haciendas de caña –El Tocuyo, por ejemplo- han aprendido a conocer sus derechos y reclaman mejores condiciones de vida y de trabajo: mejor trato, asistencia en los accidentes de trabajo, cumplimiento de las prestaciones sociales que prevé el Reglamento del Trabajo en la agricultura y la cría y aumento de sus bajos salarios.
No es, pues, a la campaña de “agitación” y a la “demagogia” a lo que se debe la falta de braceros, es a la existencia de condiciones semi-feudales que perviven en el campo venezolano, y con mayor agudeza, en las zonas cafeteras, cuya lejanía de los centros poblados de mayor importancia, permiten que todas clase de atropellos se realicen en la mayor impunidad.
En la cosecha de 1949, ante la escasez de braceros y con el aumento del precio del fruto, los caficultores se han visto obligados a hacer pequeños aumentos de los salarios en aquellos lugares donde los braceros se han negado a concurrir al trabajo si no se satisfacen sus aspiraciones, aunque sea en parte. En Sanare del Estado Lara, los braceros de una finca se negaron a trabajar si no les era aumentado el precio de la “lata” de café recogido. Después de algunas gestiones de los camaradas de esa zona, la reivindicación fue lograda y los braceros regresaron a sus labores.
Todas estas cosas, nos indican que sólo la organización de los trabajadores cafeteros en poderosas organizaciones que representen sus intereses, hará posible que sus condiciones de vida y de trabajo sean mejoradas. De ahí que la tarea del Partido en todas las zonas de producción, principalmente en Táchira, Lara, Trujillo y Mérida, sea la de estrechar sus vínculos con los trabajadores cafeteros para organizarlos, defenderlos y dirigirlos en sus luchas por sus reivindicaciones específicas.
Obrero cafetero demostrando la forma como debe extenderse el café en los patios para alcanzar un estado de seca uniforme.
Café: Primer renglón de exportación agrícola venezolana
Desde 1786 para acá Venezuela, comienza la exportación de café en mayor grado, hasta llegar a ocupar puestos de preferencia en la exportación, continuando el aumento de la exportación del fruto durante muchos años. En 1845, la exportación cafetera llega a los 212.968 sacos. En 1873, la exportación se ha elevado a los 571.222 sacos de 60 kilos, continuando ascendiendo la exportación para llegar en 1933, a los 848.673 sacos. Luego en 1935 y 1937, la exportación llega a 969.076 sacos y 995.076 sacos, respectivamente.
En 1937 empieza a descender la exportación, bajando a los 591.236 sacos, y en el año económico 1939-1949 baja a los 361.463 sacos, lo que representa serios contratiempos para los productores de este fruto. De aquí en adelante se registran pequeños aumentos en la exportación pero sin llegar a la exportación de 1937, pues apenas si en 1943, la exportación registra los 486.689 sacos de 60 kilos. En 1948 sube la exportación a 36 millones de kilos (600.000 sacos). Y el boletín del Banco Central de septiembre y octubre de 1949, dice: “Los embarques de café, no obstante el alza de cotización, en el mercado mundial, han venido descendiendo continuamente desde mayo…”
Esta disminución de los embarques, a pesar del buen precio del fruto, puede atribuirse a la merma de las cosechas en el último año, ya que los caficultores, durante la baja de este fruto, descuidaron las fincas y en muchos casos las abandonaron. Para conquistar de nuevo nuestra posición en la producción mundial y aumentar nuestra exportación es necesario la realización de serios esfuerzos en defensa de esta fuente de nuestra economía, para lo cual es indispensable la participación entusiasta de la masa de caficultores venezolanos.
Los mercados del café venezolano en el exterior
Antes de la guerra 1939-1945, el principal mercado de nuestro café era Alemania. En la actualidad, los países que consumen nuestro café en el exterior, son, según un Cuadro Estadístico, en 1947 los siguientes:
Estados Unidos, que importó un total de 413.204,96 sacos de 60 kilos que representa el 81,41 por ciento de la exportación. Quedando 18.59 por ciento que fue importado por Bélgica, Dinamarca, Holanda, Italia, Noruega, Siria, Suiza, Antillas Holandesas y Suecia.
Claro está que estos mercados pueden ser aumentados, mejorando la producción y estableciendo relaciones comerciales con otros pueblos donde nuestro café puede tener gran demanda.
Hacia el mejoramiento de nuestra producción cafetera
Como hemos visto, la producción cafetera venezolana, se ha venido realizando con métodos atrasados que han impedido su desarrollo, llevándola a perder los puestos que alcanzó en el pasado en la producción mundial.
Para mejorar este cultivo y llevarlo a dar el rendimiento que debe producir en nuestros suelos se hace indispensable orientarla hacia una producción intensiva, que al elevar su rendimiento por árbol haga más bajos los costos de producción. Esto sólo podrá lograrse mediante el empleo de una serie de normas técnicas, como son: Selección de cafetos para la siembra; buen sombreo, empleando sobre todo cambur, que tiene la ventaja de producir frutos de venta en el mercado, lo cual contribuiría a bajar los precios de costo del café; poda regular de los cafetos viejos; limpia cuidadosa de los cafetales, y no los “piqueteos” que hoy se hacen para recoger las cosechas; recoger el grano en la medida que vaya madurando, lo cual permitirá tener un mejor tipo de café que ofrecer al mercado. Esto, al lado de las cuestiones que en defensa de los suelos se puedan introducir de acuerdo con las indicaciones de los técnicos en la materia, mejoraría notablemente nuestra producción y la pondría en capacidad de recoger un mayor rendimiento por árbol y por hectárea.
Principales consignas de lucha de los caficultores
Es indudable que para mejorar la producción del café se necesita de un serio apoyo para los caficultores venezolanos especialmente para el mediano y pequeño caficultor, que ya hemos visto en la situación económica en que vive debido a su espoliación sistemática por el comercio y el intermediario. Para lograr esto los caficultores deben luchar:
a) Por una mayor ayuda crediticia, rápida y con facilidades, para lo cual el Banco Agrícola y Pecuario debe poner en práctica un Plan que permita a sus agencias en el interior, atender con eficiencia las peticiones de crédito de los caficultores, liberándolos de las garras de los usureros, comerciantes y exportadores;
b) Establecimiento en las zonas de producción y en lugares de fácil acceso de los sembrados de centros colectivos de beneficio del grano, donde los caficultores medianos y pequeños que no puedan por sus condiciones económicas, hacer estas instalaciones particulares, concurran a beneficiar sus frutos, lo cual les permitirá abandonar la anticuada “trilla”, para utilizar métodos modernos y lograr un mayor porcentaje de café “lavado” o un buen “trillado”;
c) Realización de una amplia red de caminos vecinales y efectiva mejora en las actuales para hacer más fácil y barato el transporte del fruto a los centros de venta;
d) Amplia ayuda técnica y gratuita, por parte de los organismos oficiales encargados de velar por el desarrollo agrícola del país;
e) Realización de una profunda Reforma Agraria, que dote de tierra a los miles de caficultores que trabajan como arrendatarios de los grandes latifundistas, y que en general ponga en marcha la transformación económica de los caficultores venezolanos
f) Fijación de precios de compra mínima de café a los pequeños productores y extensión de la red de compras del B. A. P. (Banco Agricola y Pecuario)
Tales consignas defendidas con calor y entusiasmo por los caficultores, pueden conducirlos a mejores condiciones de vida al lograr un mayor desarrollo de su producción.
Las Tareas del Partido en el Frente del Café
El Partido Comunista de Venezuela como abanderado defensor de los campesinos y campeón de la lucha por la Reforma Agraria, tiene serias tareas que cumplir entre la enorme masa de caficultores venezolanos –propietarios y arrendatarios- y entre los trabajadores que prestan servicios en esta importante producción. Tales tareas pueden resumirse en las siguientes:
1. Organizar en Sindicatos, defender y dirigir a los braceros por mejores condiciones de vida y de trabajo, para lo cual deben estrecharse los vínculos que con ellos tenemos en algunas zonas del país, estimulando en sus luchas;
2. Estudiar la mejor forma de organizar en Ligas Campesinas y en dirigir la lucha de propietarios y arrendatarios, hacia la conquista de la consigna arriba señalada y de sus reivindicaciones en general. Para cumplir esta tarea, los camaradas de las zonas cafeteras Táchira, Lara, Trujillo y Mérida, fundamentalmente, deben orientarse a empezar, mejorar e intensificar su trabajo entre los caficultores hasta lograr organizarlos y dirigirlos en sus luchas;
3. Como debido al alza del café los grandes hacendados trataran de desalojar de sus tierras a los campesinos, que durante la baja del fruto habían establecido pequeñas plantaciones en calidad de arrendatarios, se hace indispensable orientar y dirigir a los colonos, braceros y arrendatarios en general, para impedir que sean desalojados de sus plantaciones. Esto sólo se podrá lograr mediante la organización y combatividad de los campesinos de cada región o zona cafetera que trabajen en estas condiciones;
4. Para que la lucha del Partido en este frente, sea permanente y estable, es indispensable la organización del partido en los caseríos y zonas cafeteras. Para la realización de estas tareas, los Comité Regionales, Locales y Células, deben estudiar este problema y establecer los contactos indispensables para empezar la Organización.
Estas son las principales tareas en el frente del café que nuestro partido puede y debe realizar para superar la debilidad que hoy confrontamos en este sector del campesinado venezolano.
Obras citadas: “Significado económico de la Campaña de extensión Cafetera” de Jaime Henao Jaramillo. Boletín del Banco Central de Venezuela, septiembre y octubre de 1949.
BIBLIOGRAFIA: “Labor venezolanista” de A. Adriani “Economía y Finanzas Venezolana” de Ramón Veloz
DE LA RESOLUCIÓN POLÍTICA APROBADA POR EL II CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA (AGOSTO DE 1948)
1. Una Ley de profunda Reforma Agraria para que sea promulgada por el Congreso Nacional de 1948 como la reglamentación del precepto constitucional contendido en el artículo 69, mediante el cual se reconoce el derecho a las asociaciones de campesinos y a los individuos aptos para el trabajo agrícola y pecuario, a ser dotados de tierras, lo mismo que a los núcleos de población, a fin de que rompan el monopolio feudal de la tierra.
2. Revisión de los títulos de venta de las tierras ejidales y baldías. Confiscación de las tierras mal habidas por los latifundistas.
3. Confiscación progresiva y parcelación de las tierras ociosas y de los latifundios existentes en zonas dotadas de riego por el Estado.
4. Creación de un Instituto Agrario Nacional con representación directa de los campesinos, que planifique la realización progresiva de la Reforma Agraria, que supla créditos y equipos a bajo interés y ayuda técnica a los agricultores y parceleros.
5. Mayor democratización del Banco Agrícola y Pecuario, para que extienda su red de compras y de silos, a fin de liberar al agricultor de la especulación de los comerciantes usurarios



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