La Fractura Planetaria

 


John Bellamy Foster y 
Haris Golemis

HG: Con su innovador artículo "Marx's Theory of Metabolic Rift" (American Journal of Sociology, 1999), usted puso en tela de juicio la opinión entonces predominante, incluso entre los marxistas no dogmáticos, de que los efectos del crecimiento capitalista sobre la naturaleza no interesaban a Karl Marx. ¿Podría explicar brevemente su tesis?

La opinión generalizada en la izquierda de que Marx había adoptado una visión prometeica de la dominación humana de la naturaleza—que no había percibido los límites naturales de la producción y las contradicciones ecológicas—quedaba contradicha con su teoría de la fractura metabólica, que desempeñaba un papel clave en su análisis general

JBF: En "La teoría de la fractura metabólica de Marx", sostuve que la opinión generalizada en la izquierda de que Marx había adoptado una visión prometeica (productivista extrema) de la dominación humana de la naturaleza —y, por lo tanto, no había percibido los límites naturales de la producción y las contradicciones ecológicas en general, prestándoles a lo sumo una atención marginal—quedaba contradicha con su teoría de la fractura metabólica, que desempeñaba un papel clave en su análisis general. Marx se basó en la noción del químico alemán Justus von Liebig sobre el robo de la naturaleza, en el que los nutrientes eran sistemáticamente extraídos del suelo y enviados a cientos e incluso miles de kilómetros a los nuevos centros urbanos, contaminando las ciudades, en lugar de ser devueltos al suelo. A partir de ahí, Marx construyó una crítica ecológica del capitalismo, basada en el concepto de metabolismo social, que representa la relación humana con la naturaleza en su conjunto a través de la producción. La interrupción de este metabolismo por parte del capitalismo generó una "fractura irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social, un metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida misma". Para Marx, el proceso de trabajo y producción constituía nada menos que el metabolismo social entre la humanidad y el metabolismo universal de la naturaleza, mediando entre ambos. Pero bajo el capitalismo esto se había convertido en una mediación alienada, rompiendo este metabolismo, que necesitaba ser restaurado bajo el socialismo, como un requisito eterno de la vida misma. En estos términos, Marx desarrolló una noción de sostenibilidad, argumentando que nadie, ni siquiera todas las personas del mundo, eran dueños de la tierra, sino que necesitaban sostenerla para "la cadena de generaciones humanas" como "buenos jefes de familia". El propio socialismo fue definido en el volumen 3 de El Capital como la regulación racional por parte de los productores asociados del metabolismo de la naturaleza y de la sociedad, con el fin de conservar la energía y promover el desarrollo humano.

En resumen, la crítica de Marx a la economía política dio paso a la crítica ecológica más profunda jamás desarrollada, ya que estaba conectada dialécticamente con su análisis general de la producción capitalista y constituía la base de la creación de una sociedad superior del futuro. La ecología científica posterior, incluido el concepto de ecosistema, se desarrollaría sobre esta misma base, y el concepto de metabolismo conduciría a la ecología de sistemas.

La fuerza del análisis de Marx a este respecto y la profundidad de su comprensión de la ciencia natural me sorprendieron y me obligaron a repensar toda la obra de Marx. ¿Cómo había desarrollado una crítica ecológica tan profunda? La respuesta tenía que estar en su materialismo, que era mucho más profundo de lo que la mayoría de los teóricos marxistas habían percibido. Esto me llevó a los inicios del pensamiento de Marx, empezando por su tesis doctoral sobre Epicuro, el mayor pensador materialista de la antigüedad, y analizando el desarrollo de la perspectiva materialista y ecológica de Marx desde ese punto, incluyendo su relación con pensadores como Liebig y Charles Darwin. Esta reinterpretación del pensamiento de Marx dio lugar a mi libro Marx's Ecology: Materialism and Nature, publicado en 2000.

HG: En una entrevista que concedió a Farooque Chowdhury en marzo de 2020, dijo que David Harvey era crítico con el esquema teórico presentado en su libro The Vulnerable Planet (Monthly Review Press, 1994). ¿Diría que, desde entonces, su análisis del capitalismo contemporáneo y el suyo se han acercado?

En la década de 1990, Harvey negó la gravedad del problema medioambiental, argumentando [que] "lo peor que podemos hacer es comprometernos en transformaciones de nuestro entorno para hacer la vida menos cómoda para nuestra especie”… Ahora Harvey ha llegado a reconocer los problemas medioambientales… Sin embargo, su énfasis tiende a favorecer las perspectivas de ecomodernización, según las cuales la tecnología salvará el día mediante el secuestro de carbono

JBF: Harvey es un importante teórico marxista, y su amplia obra es siempre esclarecedora, presentada con una elegancia propia. En la última década, más o menos, se ha acercado, sobre todo desde su The Enigma of Capital (2011), al análisis económico marxiano del que fue pionero Monthly Review, centrándose en el problema de la absorción del capital excedente en el contexto del monopolio financiero. Así que hay muchos lugares en los que nuestro análisis se solapa.

Sin embargo, Harvey y yo hemos tenido durante mucho tiempo importantes diferencias sobre cómo vemos la crisis ecológica planetaria y sobre la importancia de la teoría marxista a este respecto. En la década de 1990, negó la gravedad del problema medioambiental general, argumentando en respuesta a mi libro El planeta vulnerable (1994), en su Justicia, Naturaleza, la Geografía de la Diferencia (1996), que con respecto al impacto humano en el planeta, "lo peor que podemos hacer es comprometernos en transformaciones materiales de nuestro entorno para hacer la vida menos, en lugar de más, cómoda para nuestra propia especie, al tiempo que reconocemos que lo que hacemos también tiene ramificaciones (tanto positivas como negativas) para otras especies vivas". En estos términos tan sosegados, rechazó el argumento de mi libro de que los ciclos biogeoquímicos del sistema Tierra estaban siendo perturbados por la creciente escala de la producción capitalista. En cambio, criticó duramente todas las nociones de que el "ecocidio es inminente" debido al desarrollo capitalista, afirmando más bien que esa visión era vulnerable a las críticas de la derecha que decían que las condiciones humanas estaban mejorando constantemente.

En un debate que mantuvimos Harvey y yo en Monthly Review (abril de 1998), declaró que la "Advertencia a la Humanidad" de 1992, centrada en los peligros del cambio climático y firmada por más de 1.500 científicos del mundo, entre los que se encontraban más de la mitad de los galardonados con el Premio Nobel entre los científicos vivos, era "tan problemática como la literatura [de los negacionistas del cambio climático y de los antiambientalistas como Julian Simon y Greg Easterbrook] que refutan". Insistió en que una perspectiva marxista debe evitar que caigamos en la retórica ecologista "de que estamos llegando a algún límite, que la catástrofe ambiental está a la vuelta de la esquina o que estamos a punto de destruir el planeta Tierra". Su énfasis general en ese momento era restar importancia y, en gran medida, negar la emergencia ecológica planetaria, con argumentos putativamente marxistas.

Le costó varias décadas, pero ahora Harvey ha llegado a reconocer los problemas medioambientales y a admitir las deficiencias de su análisis al respecto. En sus Crónicas Anticapitalistas (2020), indica que un gráfico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) -el tipo de gráfico que existe desde hace décadas basado en el Observatorio de Mauna Loa, pero el que muestra el aumento de la concentración de carbono en la atmósfera hasta las 400 ppm (alcanzadas en 2013)- le convenció finalmente de que el cambio climático era tan grave como el consenso científico había sostenido durante mucho tiempo. La pregunta es: ¿por qué tardó tanto en darse cuenta de todos los peligros medioambientales, a pesar de proceder de una perspectiva histórico-materialista? Para responder a esta pregunta, Harvey entra en una larga discusión sobre cómo se había equivocado al centrarse demasiado en los puntos débiles de cierta retórica medioambiental de la izquierda. En 2020, dice que fue el gráfico de la NOAA que mostraba la velocidad con la que el Sistema Tierra había pasado de 300 ppm a 400 ppm de concentración de carbono en la atmósfera lo que "cambió todo en mi visión del mundo". La cuestión del cambio climático pasó de ser algo que creía manejable con técnicas normales e intervenciones sensatas a reconocer la necesidad de una transformación radical de todas nuestras formas de pensar". Sin embargo, incluso con esta revelación, su énfasis en Las Crónicas Anticapitalistas tiende a favorecer las perspectivas de ecomodernización, según las cuales la tecnología salvará el día mediante el secuestro de carbono: sacar el carbono de la atmósfera y ponerlo en el suelo. El hecho de que tal tecnología no existe a escala, y presenta sus propios problemas cataclísmicos, no se considera en su análisis. Sencillamente, no hay ningún intento de plantear este problema en términos marxistas ecológicos como uno de ruina o revolución.

HG: En la misma entrevista, usted dice que "de repente se ha vuelto más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin del mundo, y en efecto lo primero probablemente excluiría lo segundo". ¿Qué quiere decir realmente al invertir la cita de Frederic Jameson? Es cierto que el número de intelectuales y activistas de la izquierda radical que creen que el capitalismo no es el fin de la historia ha crecido considerablemente. Sin embargo, las clases dominantes están utilizando la pandemia para ocultar esta verdad, presentando el virus como una amenaza externa, y en vista del poder de los principales medios de comunicación, me temo que la narrativa NHA (no hay alternativa o TINA en inglés) todavía prevalece en el público en general. Me gustaría que me convencieran de que estoy equivocado.

JBF: Recordará que la declaración de Jameson en New Left Review (marzo-abril de 2003) decía: "Alguien dijo una vez que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Mucho antes de que yo fuera consciente de su autoría de esta declaración, utilizábamos comúnmente esa misma frase una y otra vez en nuestras discusiones en el programa de posgrado en sociología ambiental de la Universidad de Oregón, discusiones y debates que incluían a algunos de los que ahora se encuentran entre los principales sociólogos ambientales del mundo, que habían venido a estudiar a Oregón, principalmente para comprometerse con la ecología marxiana. De hecho, yo había utilizado exactamente la misma expresión a principios de este siglo en charlas que di, aunque normalmente en las sesiones de preguntas y respuestas después de la charla, más bien como una especie de réplica para hacer pensar a la audiencia, al igual que a menudo la planteamos irónicamente en nuestras discusiones del seminario de sociología medioambiental.

La razón por la que la noción de que "es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo" se abordó de esta manera circunspecta en nuestras discusiones de entonces fue que, aunque capturaba parte del predicamento medioambiental contemporáneo -y la conciencia distópica que estaba tan extendida entre los jóvenes- tendía a representar una perspectiva negativa, incluso derrotista, cuando no se ponía en un contexto histórico concreto. El problema está estrechamente relacionado con lo que Derrick Jensen y Aric McBay, en Lo que Dejamos Atrás (2009), llamaban "la inversión de lo real y lo no real", de manera que "el fin del mundo es menos temible que el fin del capitalismo industrial". Si se presentaba una visión así, había que situarla en un contexto de generación de una conciencia ecológica revolucionaria, en lugar de señalar la derrota. Se trataba de contrarrestar la ideología dominante y las opiniones recibidas en general. Esta era una parte tan importante de nuestros debates generales sobre el medio ambiente que, cuando me di cuenta de que la frase había sido introducida en la prensa por Jameson, que la había prologado con "Alguien dijo", pensé que había surgido de alguna manera de nuestros propios debates. Ahora, sin embargo, creo que la recogimos de él indirectamente, probablemente de Cade Jameson, el hijo de Fredric Jameson, que es a su vez un gran sociólogo medioambiental, que ahora enseña en Hawai, y que formó parte de nuestro programa en la Universidad de Oregón. Es posible que Cade, conociendo el trabajo de su padre, insertara esta frase al principio de nuestras discusiones. No estoy seguro.

La cuestión no es que la conciencia del papel del capitalismo en la destrucción del planeta como hogar seguro para la humanidad sea insuficiente; más bien, la cuestión es cambiar esto. Al invertir la cita de Jameson, e indicar que "de repente se ha vuelto más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin del mundo", estaba señalando el hecho de que la pandemia del COVID-19, que se sumaba al cambio climático, amenazaba la hegemonía ideológica del sistema, demostrando que nuestras crisis ecológico-epidemiológicas eran producto del propio capitalismo.

La cuestión, sin embargo, no es que la conciencia del papel del capitalismo en la destrucción del planeta como hogar seguro para la humanidad sea insuficiente; más bien, la cuestión es cambiar esto. Al invertir la famosa cita de Jameson, e indicar que "de repente se ha vuelto más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin del mundo", estaba señalando el hecho de que la pandemia del COVID-19, que se sumaba al cambio climático, amenazaba la hegemonía ideológica del sistema, demostrando que nuestras crisis ecológico-epidemiológicas eran producto del propio capitalismo. La ilusión del traje del emperador se había desvanecido y, de repente, el emperador se reveló desnudo. Estados Unidos, en el centro del capitalismo, ha experimentado ahora más de medio millón de muertes por COVID-19, que todo el mundo sabe que tienen que ver con la privatización de la sanidad pública, por no hablar de los circuitos del capital, como explican epidemiólogos histórico-materialistas como Rob Wallace. Para muchos, esto les permite ver que lo que se proyecta constantemente como el fin del mundo es en efecto propiamente la cuestión del fin del capitalismo. Tienes razón, por supuesto, en que al presentar el virus como una amenaza externa al sistema, la ideología dominante intentaba alejar a la población de tales conclusiones críticas. Me preguntas por las opiniones que prevalecen en el público en general, dado el constante flujo de propaganda sobre el TINA bajo el capitalismo. Creo que esa es la manera equivocada de pensarlo. Una instantánea de la opinión pública dice muy poco, dado que las condiciones materiales de la humanidad -las condiciones mismas de la vida en la Tierra- están cambiando más rápidamente que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Las personas son como volcanes y entrarán en erupción cuando la roca fundida suba a la superficie. Si se parte simplemente de las ideas, desde una perspectiva idealista, parece que el capitalismo es supremo y lo seguirá siendo para siempre. Empero, la Iglesia Católica consiguió que Galileo Galilei renegara de su ciencia y, sin embargo, según cuenta la leyenda, tocó el suelo y dijo: "Todavía se mueve". TINA tiene razón, pero de una manera diferente a la que creía Margaret Thatcher. No hay alternativa a una sociedad de igualdad sustantiva y sostenibilidad medioambiental, es decir, al socialismo, si la humanidad quiere sobrevivir.

TINA tiene razón, pero de una manera diferente a la que creía Margaret Thatcher. No hay alternativa a una sociedad de igualdad sustantiva y sostenibilidad medioambiental, es decir, al socialismo, si la humanidad quiere sobrevivir

HG: ¿Cómo valora el trabajo de Murray Bookchin, un pensador no marxista, que también ha intentado introducir la cuestión ecológica en el debate público? En efecto, vemos a izquierdistas radicales y anarquistas luchando juntos en las calles de muchas ciudades del mundo contra las políticas de los gobiernos que destruyen el medio ambiente y aumentan las desigualdades de clase, raza y género. Ante esta "alianza", ¿crees que es deseable y posible un diálogo teórico y programático entre las diferentes tradiciones anticapitalistas?

Toda nuestra orientación desde el principio ha sido unir varias tradiciones anticapitalistas. Por supuesto, hay diferencias, pero hay mucho espacio para lo común. El papel de los anarquistas en la lucha contra el neofascismo, en las protestas de solidaridad racial en Estados Unidos y en el movimiento ecológico ha sido muy grande. Forjar coaliciones en este sentido es necesario para la causa común

JBF: Siempre he pensado mucho en el trabajo de Bookchin en materia de ecología, aunque rara vez influyó directamente en mi propio pensamiento. A principios de la década de 1970, en el Evergreen State College, conocí su Anarquismo Post-Escasez, que, sin embargo, no me impresionó mucho. Pero su obra de 1962 Our Synthetic Environment (escrita bajo el seudónimo de Lewis Herber), que se publicó el mismo año que Silent Spring de Rachel Carson, fue pionera. Uno de mis libros favoritos es Los Límites de la Ciudad. Otro es La Ecología de la Libertad. Podía ser muy polémico y era un fuerte crítico del marxismo en materia de ecología. Pero se cuidaba de criticar al marxismo y no al propio Marx, por quien siempre mantuvo un gran respeto. Cito a Bookchin en varios puntos de mi trabajo, aunque no de forma extensa. Cuando estaba en el consejo de redacción de Capitalismo Naturaleza Socialismo en los primeros años, hubo una corriente de duras críticas a Bookchin y una colección editada opuesta a su análisis que salió de la revista. Me negué a participar en ella. En cambio, no mucho después, cuando era coeditor de Organización y Medio Ambiente, publicamos una evaluación muy favorable de la ecología de Bookchin por parte de Steven Best. Monthly Review siempre ha estado abierta al análisis ecológico de Bookchin. Brian Tokar, que es quizás la figura más importante de la tradición de la ecología social de Bookchin, ha escrito para Monthly Review Press. De hecho, Monthly Review, como revista socialista independiente, siempre ha estado abierta a los puntos de vista anarquistas, especialmente cuando se solapan con el marxismo, como parte de la conversación. Toda nuestra orientación desde el principio ha sido unir varias tradiciones anticapitalistas. Por supuesto, hay diferencias, pero hay mucho espacio para lo común. El papel de los anarquistas en la lucha contra el neofascismo, en las protestas de solidaridad racial en Estados Unidos y en el movimiento ecológico ha sido muy grande. Forjar coaliciones en este sentido es necesario para la causa común.

HG: Desde los años sesenta, Monthly Review es conocida por su interés en los acontecimientos del Sur Global, o el "tercer mundo" en el lenguaje de la época. En mi opinión, como director de la revista, usted se mantiene en esta útil tradición internacionalista. En este marco, ¿puede explicarnos las diferencias entre los efectos del capitalismo de catástrofe en el Sur Global en comparación con el Norte Global?

JBF: Monthly Review siempre se ha centrado en el imperialismo, especialmente en lo que respecta a las relaciones del Norte Global con el Sur Global, como la clave de la crítica del sistema mundial capitalista. En términos de "capitalismo catástrofe", creo que nuestras contribuciones más importantes en los últimos dos años han incluido el artículo sobre "Imperialismo en el Antropoceno", escrito por mí, Hannah Holleman y Brett Clark, y el trabajo que hemos realizado sobre COVID-19 en relación con Rob Wallace, especialmente sus libros Big Farms Make Big Flu y Dead Epidemiologists y su artículo con otros sobre "COVID-19 y los circuitos del capital", así como el artículo que Intan Suwandi y yo hicimos sobre "COVID-19 y el capitalismo de la catástrofe".

En "El imperialismo en el antropoceno", desarrollamos un argumento que se aparta de la mayoría de las tradiciones de la izquierda, tomando en serio la geografía física como exige la catástrofe climática. Así, explicamos cómo los países de baja latitud, esencialmente el Sur Global, son los más afectados, como resultado de la dinámica del Sistema Tierra, por el cambio climático, independientemente que ya son explotados económicamente por el Norte Global

En "El imperialismo en el antropoceno", desarrollamos un argumento que se aparta de la mayoría de las tradiciones de la izquierda, en el sentido de que toma en serio la geografía física como exige la catástrofe climática. Así, explicamos cómo los países de baja latitud, esencialmente el Sur Global, son los más afectados, como resultado de la dinámica del Sistema Tierra, por el cambio climático, independientemente del hecho de que ya son explotados económicamente por las naciones del Norte Global. Además, los efectos del cambio climático en factores como la eliminación de los glaciares (o torres de agua); la desertificación; la inundación de islas y otras zonas bajas; la erradicación de los bosques tropicales y los arrecifes de coral; la extinción de especies; y la creación de cientos de millones, incluso hasta mil millones, de refugiados climáticos que se espera para este siglo, están siendo considerados en la estrategia imperial global de Estados Unidos y otras naciones del Norte Global. Por lo tanto, necesitamos desesperadamente una teoría del imperialismo en el Antropoceno que tenga en cuenta todo esto.

En el trabajo de Wallace y otros teóricos de lo que se conoce como Structural One Health (un enfoque históricomaterialista de la epidemiología), se considera que la aparición del COVID-19 y otras zoonosis está conectada con los circuitos del capital y la extensión del agronegocio a los ecosistemas y las áreas silvestres. Este trabajo proporciona una rica comprensión de la relación de la mercantilización global con los contagios globales. Además, el mismo análisis señala las consecuencias de la privatización de la sanidad pública bajo el neoliberalismo y los efectos en la propagación de enfermedades, especialmente entre los pobres, señalando el significado contemporáneo de la noción de "asesinato social" de Federico Engels.

HG: Dado que Estados Unidos es una de las dos superpotencias mundiales, las políticas económicas de su gobierno desempeñan un papel crucial en la crisis climática. ¿Diría usted que la administración de Donald Trump ha dejado su huella en el desarrollo del capitalismo catastrófico y, si es así, cómo? ¿Cree que Joe Biden podría seguir un camino diferente?

JBF: La administración Trump aceleró el capitalismo de catástrofe de varias maneras. Como se detalla en nuestro artículo "Imperialismo en el Antropoceno", aceleró el gasto de billones de dólares en la construcción de oleoductos de combustibles fósiles y el petróleo de lutitas en América del Norte con el fin no sólo de ampliar la producción de combustibles fósiles, sino también de afianzar la producción de combustibles fósiles para que no pudiera ser desplazada. Se retiró del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y eliminó las protecciones medioambientales siempre que pudo, tanto a nivel nacional como internacional. Mientras tanto, inició una Nueva Guerra Fría dirigida a China. Esto incluyó poner un arancel a los paneles solares chinos importados a Estados Unidos. Políticamente, el fenómeno Trump tuvo su base en el desarrollo de un movimiento político neofascista/de formación política basado en la clase media-baja blanca, con sus ideologías nacionalistas, racistas, misóginas y su odio tanto a la mayor parte de la mayoría de la clase trabajadora (el sector más diverso de la población) como a los profesionales de la clase media-alta. En esencia, el capital monopolista ha recurrido a la retaguardia del sistema capitalista, como lo llamó C. Wright Mills, para estabilizarse durante un período de declive de la hegemonía de EUA, de aumento de la polarización de clases y de ascenso de un importante movimiento socialista. La administración Trump, respaldada por la Reserva Federal, vertió billones en las arcas de las corporaciones y los ricos en reducciones de impuestos, seguidas de ayudas en respuesta a la pandemia. El resultado es que los multimillonarios de EUA están huyendo con la tienda. Mientras la economía ha tenido un crecimiento negativo, Jeff Bezos ha visto aumentar su riqueza en 74 millardos de dólares y Elon Musk en unos 76. millardos en lo que va de año [diciembre de 2020]. Todo esto ha sido apoyado por el aumento de los déficits federales de EUA. El sistema financiero se ha expandido a un ritmo récord durante la pandemia. Todo esto significa una economía más burbujeante, que al final estallará. Por desgracia, no cabe esperar mucha ayuda en nada de esto por parte de la administración Biden, que representa una política neoliberal, diferente de la de Barack Obama y Hillary Clinton sólo en la medida en que la situación es ahora considerablemente más desesperada. La actual administración parece destinada a intentar ampliar su alcance a los elementos de la derecha no trumpista, mientras los demócratas y los republicanos siguen luchando por conseguir el apoyo del sector de clase media-baja del electorado. En cuanto al avance de la sociedad, veremos muy poco. De hecho, Biden prometió a Wall Street que nada cambiaría si era elegido. Esto parece confirmarse por el hecho de que el 83% de los treinta principales miembros del equipo de Biden tienen estrechas conexiones con la clase multimillonariaplutocrática (véase el artículo de Laurence Shoup en el número de mayo de 2021 de Monthly Review). En resumen, el gobierno de Biden no tiene ningún interés en agitar el barco.

El fenómeno Trump tuvo su base en el desarrollo de un movimiento político neofascista basado en la clase media-baja blanca, con sus ideologías nacionalistas, racistas, misóginas y su odio tanto trabajadora (el sector más diverso de la población) a la mayor parte de la mayoría de la clase como a los profesionales de la clase media-alta.

Parte de esto tiene que ver con el estado ya desestabilizado del sistema, resultante de la sobre acumulación y la crisis financiera del capital, para la que la clase dominante y sus representantes políticos no tienen respuestas. La "solución" actual va en la dirección de una mayor represión de la población a través de un capitalismo de vigilancia reforzado, la promoción del estado carcelario, la continua privatización de las escuelas públicas, una Nueva Guerra Fría con China, etc. Biden se opone abiertamente al Nuevo Trato Verde (su propuesta de 2 billones de dólares de gasto en este ámbito es sólo una vigésima parte de lo propuesto por el Nuevo Trato Verde del Partido Verde, y una octava parte de lo propuesto por Bernie Sanders), a Medicare para Todos, y a casi todos los demás programas progresistas necesarios. El resultado probablemente será un desastre neoliberal que llevará a la restauración del ala neofascista. La única opción de la izquierda es encontrar una manera de romper las actuales reglas de juego antidemocráticas.

Biden se opone abiertamente al Nuevo Trato Verde (su propuesta es sólo una vigésima parte de lo propuesto por el Nuevo Trato Verde del Partido, y Sanders), a Medicare para Todos, y a casi todos una octava parte de lo propuesto por Bernie los demás programas progresistas necesarios. El resultado probablemente será un desastre neoliberal que llevará a la restauración del ala neofascista. La única opción de la izquierda es encontrar una manera de romper las actuales reglas de juego antidemocráticas

HG: El nuevo virus se originó en China, la segunda superpotencia mundial y el mayor contaminador del mundo. ¿Podemos esperar que el Partido Comunista gobernante en China haya aprendido las lecciones de la pandemia y cambie sus políticas en el futuro?

JBF: Decir que China es el mayor contaminador del mundo es cierto en un aspecto y engañoso en otros. Es cierto que China es el mayor emisor de carbono. Pero está muy por debajo de Estados Unidos y de los demás países ricos en cuanto a sus emisiones de carbono per cápita. Además, en cuanto al carbono que se ha acumulado en el medio ambiente como resultado de las emisiones históricas (la cifra realmente importante), la mayor parte ha procedido de Europa y Norteamérica. Por último, una parte muy importante de las emisiones de China está asociada a la producción para las empresas multinacionales del núcleo del sistema capitalista, que importan esta producción a sus propios países. Esencialmente, la producción que habría tenido lugar en el núcleo capitalista se realiza ahora en la periferia, pero todavía para el núcleo capitalista. Tiene sentido considerar que el grueso de esas emisiones está asociado a los países del núcleo. Estados Unidos tiene un déficit comercial con China. China suministra bienes producidos y Estados Unidos les pide que tengan dólares a cambio.

Es cierto que China es el mayor emisor de carbono. Pero está muy por debajo de EUA y de los demas países ricos en cuanto a emisiones per cápita… En cuanto a las emisiones históricas, la mayor parte ha procedido de Europa y Norteamérica… y una parte muy importante de las emisiones de China está asociada a la producción para las empresas multinacionales del núcleo del sistema capitalista

El hecho de que el virus COVID-19 se haya originado en China tiene menos que ver con la propia China que con los circuitos de capital a nivel mundial y la destrucción de los ecosistemas y espacios naturales, con los desbordamientos zoonóticos. Sin duda, China instituirá y está instituyendo nuevas regulaciones, por ejemplo, en relación con los mercados húmedos. Pero éste no es el núcleo del problema.

El hecho de que el virus COVID-19 se haya originado en China tiene más que ver con los circuitos de capital mundial y la destrucción de los ecosistemas y espacios naturales

En términos de respuestas ecológicas globales, China, aunque es un epicentro de la destrucción ecológica, es también un epicentro del ecomodernismo y la reforma medioambiental. Ha hecho de la "civilización ecológica" un objetivo oficial, a diferencia de los países occidentales. La forma de entender esto es importante. Hay indicios de que China, bajo su actual liderazgo, está dando pasos decisivos en materia de medio ambiente (aunque difícilmente la revolución ecológica que se necesita). China es ahora el líder mundial en tecnología de energía limpia. Acabo de leer un libro muy interesante de Barbara Finamore, publicado por Polity, titulado ¿Salvará China el planeta? (2018). Tenemos muchas razones para ser escépticos. Empero, teniendo en cuenta todo lo que China está haciendo realmente en términos de abordar seriamente su crisis ecológica y la del mundo, la pregunta sigue siendo. Como Estado posrevolucionario, con una construcción social muy diferente a la de las economías capitalistas monopolistas maduras de Occidente, China, con todas sus contradicciones, puede tener todavía un potencial oculto para avanzar en la dirección de su objetivo oficial de una "civilización ecológica." Mi opinión es que esto depende en última instancia, como en otros lugares, de la difusión de una auténtica revolución ecológica que surja desde la base. Que esto es al menos posible en China lo sugiere su actual movimiento de reforma rural.

China ha hecho de la "civilización " un objetivo oficial, a diferencia de los países occidentales… Hay indicios de que China, está dando pasos decisivos en materia de medio ambiente (aunque difícilmente la revolución ecológica que se necesita).

HG: La pandemia no sólo ha reducido considerablemente el comercio entre EUA y China, sino que ha intensificado la lucha entre ambos países por la hegemonía mundial. ¿Podría esto conducir a cambios geopolíticos más amplios, y cree que también podría señalar el principio del fin de la globalización?

JBF: Washington está lanzando una nueva guerra fría contra Pekín, con el objetivo explícito de derribar al Partido Comunista Chino, y luego resubordinar a China al sistema imperial mundial, en una repetición de la demolición de la Unión Soviética. Todo esto se detalla en el Departamento de Estado de EUA y en los círculos de política exterior y está siendo apoyado por la clase capitalista y las corporaciones multinacionales de EUA, que se dan cuenta de que un Siglo de China, que sustituya al Siglo estadounidense, no es de su interés. La guerra comercial iniciada por Trump y la acumulación militar dirigida a China (y en efecto tanto a China como a Rusia) está ahora afianzada y continúa en la administración Biden. A los aliados de EUA, como Australia, se les pide que sacrifiquen sus propios intereses comerciales al pacto de la Nueva Guerra Fría. Esto pretende ser un cambio geopolítico importante. China está respondiendo a su manera impulsando su Iniciativa del Cinturón y la Ruta y creando con la Asociación Económica Integral Regional 2020 el mayor bloque comercial del mundo.

Washington está lanzando una nueva guerra fría con el objetivo de derribar al Partido Comunista Chino, y luego resubordinar a China al sistema imperial mundial, en una repetición de la demolición de la Unión Soviética… China está respondiendo creando el mayor bloque comercial del mundo… No creo que esto señale el fin de la globalización, que tiene su base en el arbitraje laboral global, por el que las multinacionales centradas principalmente en el Norte Global sitúan la producción industrial, medida por el empleo, principalmente en el Sur Global

No creo que esto señale el fin de la globalización, que tiene su base en el arbitraje laboral global, por el que las corporaciones multinacionales centradas principalmente en el Norte Global sitúan la producción industrial, medida por el empleo, principalmente en el Sur Global. El objetivo es explotar los bajos costes laborales unitarios, proporcionando y márgenes de beneficio (o tasas de plusvalía) a estas corporaciones. Pero estamos viendo un cambio geopolítico en el crecimiento de los bloques globales dentro de esto. Las empresas multinacionales de EUA se están retirando de China en cierta medida y se están trasladando a otros países con bajos costes laborales unitarios, como India y México.

HG: En febrero, al comienzo del brote de COVID-19, el filósofo radical italiano Giorgio Agamben escribió que los cierres y otras medidas gubernamentales contra el virus pretenden establecer permanentemente un "estado de excepción" y hacer que éste parezca normal. También le preocupaba que la gente aceptara las restricciones de sus libertades casi sin rechistar. Sin embargo, más tarde vimos a la gente protestar violentamente en las calles contra los cierres y negarse a cumplir las instrucciones incluso de llevar máscaras y mantener el distanciamiento social. ¿Está de acuerdo con Agamben y cómo explica estas reacciones a las medidas del gobierno? ¿Es su reacción progresista o reaccionaria?

JBF: Es difícil responder a esto ya que las situaciones internacionales varían mucho. En Estados Unidos, vimos con las protestas de solidaridad racial en mayo y junio de 2020 las mayores protestas masivas en el país desde la Guerra Civil de EUA, con blancos de clase trabajadora y jóvenes en una escala nunca vista antes que cruzaron la línea de color para unirse a la protesta/revuelta contra los linchamientos públicos de la policía a los negros. Pero también fue una respuesta a la pandemia, los cierres patronales y los despidos de millones de personas. En muchos lugares, tomó la forma de una revuelta contra el capital mostrando que hay una ira reprimida en la base de la sociedad. Por supuesto, el movimiento neofascista, de supremacía blanca, basado en la clase media-baja, también estaba presente, pero carecía del número y el poder de los que se rebelaban contra el sistema. Para los neofascistas, su principal ventaja es su capacidad para sacar sus armas e incluso dispararlas en algunos casos, con el apoyo de la policía. La administración Trump hizo todo lo posible para promover estas "milicias" y respaldarlas con sus propias fuerzas paramilitares. Esta es la situación en Estados Unidos. Se atenúa un poco en la superficie con la llegada al poder de la administración Biden. Pero las contradicciones persisten.

Trump hizo todo lo posible para promover estas "milicias" [neofascistas] y respaldarlas con sus propias fuerzas paramilitares. Esta es la situación en EUA. Se atenúa un poco en la superficie con la llegada al poder de la administración Biden. Pero las contradicciones persisten

HG: Para combatir el virus, los gobiernos de todo el mundo han recurrido, o están contemplando seriamente, medidas intervencionistas estatales sin precedentes (pagos directos suplementarios a las personas que no pueden ir a trabajar debido a los cierres, nacionalización de hospitales privados y proveedores de asistencia sanitaria en España, nacionalización de los ferrocarriles en Gales, etc.), que entran en conflicto con la ideología del libre mercado. ¿Podría esto llevar a un cambio en el paradigma capitalista similar a lo que ocurrió con el Nuevo Trato en Estados Unidos tras la crisis de 1929 y la aplicación de políticas keynesianas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial?

JBF: Es de esperar, pero soy escéptico. Me resulta extraño que los europeos se fijen en el Nuevo Trato de EUA, que no fue tan radical como muchos de los cambios históricos que se desarrollaron en Europa en el mismo periodo. El Primer Nuevo Trato, durante el primer mandato de Franklin Delano Roosevelt, fue en gran medida una forma de corporativismo conservador. El Nuevo Trato sólo se radicalizó, y aquí sólo hablamos de unos cuatro años, en el Segundo Nuevo Trato, a partir de 1935, debido a la Gran Revuelta de Abajo con la formación del sindicalismo industrial, que implicó batallas campales en todo el país. No fue un desarrollo de arriba hacia abajo. Roosevelt simplemente vio la oportunidad de ponerse a la cabeza de este movimiento y contenerlo, para salvar el capitalismo. El Nuevo Trato no aumentó el gasto público global en obras públicas en Estados Unidos, ya que los aumentos del gasto federal en este ámbito se limitaron a compensar la caída del gasto público a nivel estatal y local. En 1937-38 se produjo una recesión dentro de la década de la depresión. En 1938 se propusieron todo tipo de cosas radicales, pero en realidad no ocurrió nada. En 1939 comenzaron las órdenes de guerra desde Europa, y el Nuevo Trato y la Gran Depresión terminaron, con la Segunda Guerra Mundial. Hubo algunos resultados importantes, en particular la legislación sobre la seguridad social. Pero, en general, el Nuevo Trato hizo poco por transformar el sistema. Simplemente destaca en relación con el período de afianzamiento del poder de la clase dominante que siguió. El gasto del gobierno civil de EUA en consumo e inversión como porcentaje del PIB no aumentó en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, sino que se ha mantenido más o menos en el nivel de 1939. Para cambiar esta situación en Estados Unidos haría falta una nueva gran revuelta desde abajo. Algunas de las nacionalizaciones que se están produciendo en Europa podrían tener un efecto positivo, pero a menos que formen parte de un movimiento hacia el socialismo, serán las habituales nacionalizaciones para el capital, comprándolas cuando pierden dinero, y reprivatizándolas una vez que esos mercados vuelvan a ser rentables.

Para cambiar está situación en los EUA haría falta una nueva gran revuelta desde abajo. Algunas de las nacionalizaciones que se están produciendo en Europa podrían tener un efecto positivo, pero a menos que formen parte de un movimiento hacia el socialismo, serán las habituales nacionalizaciones para el capital, comprándolas cuando pierden dinero, y reprivatizándolas una vez que esos mercados vuelvan a ser rentables

HG: Parece que incluso una parte de los políticos de la corriente principal de Estados Unidos y Europa apoyan un Nuevo Trato Verde, nombre que hace referencia directa al Nuevo Trato de Roosevelt de 1933. ¿Considera esto una victoria del movimiento ecosocialista o una iniciativa para promover el capitalismo verde?

JBF: Es difícil decir qué representa el Nuevo Trato verde porque hay muchas versiones del mismo, todas ellas rechazadas, por supuesto, por la administración Biden. (Obama, por cierto, incluyó oficialmente un Nuevo Trato Verde corporativista en su primera carrera presidencial y luego lo abandonó en cuanto fue elegido). El Nuevo Trato Verde con una "transición justa" propuesto por Alexandria OcasioCortez y Bernie Sanders podría describirse como un Nuevo Trato Verde del Pueblo y sería importante si inspirara una auténtica revolución ecológica, obligando a realizar esfuerzos cada vez mayores. Pero esto no está en las cartas ahora sin un movimiento masivo desde abajo, que brevemente parecía posible cuando el movimiento climático estaba en llamas, pero ahora ha disminuido en 2020, debido en gran parte a la pandemia. Algunas versiones del Nuevo Trato Verde son tan débiles desde el principio que no tienen sentido. Y con Biden ahora en el cargo, cualquier cosa que se parezca a un Nuevo Trato Verde real está fuera de la agenda del Partido Demócrata. En general, los políticos de EUA se apuntan a cosas que suenan bien si las encuestas apuntan a un gran apoyo público, y si es tan nebuloso que no constituye una amenaza reconocible para las empresas. Así pues, el apoyo político mayoritario para un cambio real en este sentido es en gran medida ilusorio, a menos que haya algún empuje desde abajo lo suficientemente poderoso como para desafiar al capital. Sin embargo, esto requiere una organización real, y hay poco que señalar a este respecto.

El Nuevo Trato Verde con una "transición justa" propuesto por Ocasio-Cortez y Sanders podría describirse como un Nuevo Trato Verde del Pueblo y sería importante si inspirara una auténtica revolución ecológica… el apoyo político mayoritario para un cambio real en este sentido es en gran medida ilusorio, a menos que haya algún empuje desde abajo lo suficientemente poderoso como para desafiar al capital… esto requiere una organización real, y hay poco que señalar a este respecto

HG: La incapacidad de los Estados capitalistas para luchar contra la pandemia, en gran parte debido a la falta de fondos y de personal de los sistemas sanitarios -junto con el hecho de que la vulnerabilidad está estrechamente ligada a la clase, la raza y el género- y la crisis económica concomitante han creado la esperanza entre algunos izquierdistas radicales de que un número cada vez mayor de personas en el mundo pueda imaginar una alternativa no capitalista. ¿Cree que esta esperanza es realista?

JBF: La cuestión de si la esperanza es realista siempre me parece extraña. La cuestión es si la esperanza es necesaria. No deberíamos tratar de predecir el futuro, sino de emprender las luchas necesarias, reconociendo que la población mundial está ahora entre la espada y la pared. Creo que esto es lo que asusta a las clases dominantes. Saben que la lucha es inevitable y saben que pueden perder. Los marxistas llevan mucho tiempo defendiendo la libertad como necesidad. En ningún momento esta postura ha sido más realista que hoy, ya que la realidad de nuestro mundo es la del capitalismo de catástrofe. Si es imposible salvar al mundo, a la humanidad y a la mayoría de las especies conocidas del mundo, entonces la lucha debe ser mucho más feroz, hay que hacer posible lo imposible.

No deberíamos tratar de predecir el futuro, sino de emprender las luchas necesarias, reconociendo que la población mundial está ahora entre la espada y la pared… Si es imposible salvar al mundo, a la humanidad y a la mayoría de las especies conocidas del mundo, entonces la lucha debe ser mucho más feroz, hay que hacer posible lo imposible

HG: En una discusión que mantuviste con Michael Yates, publicada en la edición en línea del 19 de abril de 2020 de Janata Weekly, dices que la forma en que podemos enfrentarnos al capitalismo de catástrofe es "la construcción de un vasto e imparable movimiento socialista (o ecosocialista)". Se trata de una afirmación general normativa, que sin embargo no especifica de qué manera los diversos movimientos nacionales pueden alcanzar sus objetivos anticapitalistas: ¿a través de la revolución, o a través de la "vía democrática" poulantzasiana hacia el socialismo? ¿Cuál es su opinión?

JBF: No creo que la revolución y la vía democrática al socialismo sean necesariamente contradictorias. Nicos Poulantzas escribió numerosos e importantes trabajos sobre el Estado, pero fueron un producto del periodo eurocomunista, y rápidamente retrocedieron. Yo, personalmente, prefiero el análisis de Ralph Miliband, ya que partió de la realidad más dura del fracaso del Partido Laborista británico como partido socialista, tal y como se describe en su Parliamentary Socialism. Dado que respondía a una gran derrota, vio el problema del Estado capitalista como un desafío mayor y, por tanto, planteó cuestiones más duras. 

No creo que la revolución y la vía democrática al socialismo sean necesariamente contradictorias… La Revolución Bolivariana de Venezuela, a pesar del asedio internacional que le ha impuesto EUA, de estar profundamente marcada por la guerra tiene cosas que decirnos sobre cómo promover una estrategia revolucionaria orientada al socialismo del siglo XXI, basada en la noción de Estado comunal de Hugo Chávez. Pero, por supuesto, las condiciones de cada país son diferentes. No existe un modelo universal

Necesitamos una teoría del Estado más crítica que la que proporcionó la teoría marxista en los años sesenta y setenta, alejada en muchos aspectos de la cuestión de la revolución, hasta el punto de que el teórico político italiano Norberto Bobbio declaró en una ocasión que no existía una verdadera teoría marxista del Estado. Es necesario volver a la tradición clásica del marchitamiento del Estado asociada a Marx y a V. I. Lenin, y revivida con fuerza por István Mészáros en su Beyond Leviathan, que será publicado por Monthly Review Press a principios de 2022. La Revolución Bolivariana de Venezuela, a pesar de estar profundamente marcada por la guerra de asedio internacional que le ha impuesto EUA, tiene cosas que decirnos sobre cómo promover una estrategia revolucionaria orientada al socialismo del siglo XXI, basada en la noción de Estado comunal de Hugo Chávez. Pero, por supuesto, las condiciones de cada país son diferentes. No existe un modelo universal.

HG: Muchas gracias por su tiempo. Antes de terminar, ¿podría decir unas palabras sobre su último libro, El retorno de la naturaleza: Socialismo y Economía?

JBF: El retorno de la naturaleza se escribió para continuar la historia contada en La ecología de Marx, que abarca el periodo que va desde la muerte de Darwin y Marx en 1882 y 1883, respectivamente. La Ecología de Marx termina con la muerte de Darwin y Marx. El retorno de la naturaleza comienza con sus funerales. Explora las interrelaciones entre el socialismo y la ecología en el siglo siguiente, proporcionando investigaciones concretas sobre la ecología tal y como se desarrolló en relación con el socialismo y el materialismo. Por supuesto, los desarrollos fueron en todas las direcciones y la historia se vuelve muy compleja, sobre todo si se le da profundidad histórica para que podamos comprender el contexto en el que surgieron las diversas figuras. Básicamente, la tesis es que los socialistas (algunos de ellos socialdemócratas, otros marxistas, pero todos profundamente comprometidos entre sí) generaron la ecología como una forma crítica de pensamiento. Para argumentar esto, sigo un análisis no sólo histórico sino también genealógico. Una línea genealógica puede verse en términos de aquellos influenciados por las ideas ecológicas de Marx directamente, incluyendo figuras como E. Ray Lankester y William Morris, y aquellos a los que ellos a su vez influenciaron, como Arthur George Tansley, H. G. Wells y Julian Huxley. La otra línea genealógica procede más bien del pensamiento ecológico de Engels y, especialmente, de su  dialéctica de la naturaleza, en la que se centra la segunda parte del libro. Esto lleva a las contribuciones dialécticas y ecológicas de científicos tan importantes como J. B. S. Haldane, Joseph Needham, J. D. Bernal y Hyman Levy. Algunos pensadores, como Christopher Caudwell, Lancelot Hogben y Jack Lindsay, pueden considerarse productos de ambas líneas de desarrollo. Todos estos pensadores participaron no sólo en el desarrollo de la ecología, sino también en los debates sobre la raza, el género, la clase y la construcción del socialismo en su época. Casi todos ellos contribuyeron a la dialéctica materialista. La influencia directa en el movimiento ecologista de los años sesenta y setenta en Estados Unidos y Gran Bretaña es muy evidente, lo que lleva a analizar en el epílogo la obra de figuras como Rachel Carson, Barry Commoner, Virginia Brodine, Richard Levins, Richard Lewontin, Stephen Jay Gould, Steven Rose, Hilary Rose y E. P. Thompson. De este modo, obtenemos una visión mucho más amplia de por qué la ecología es una doctrina tan crítica y, en efecto, revolucionaria.

El libro también desafía a la izquierda materialista de la historia carece de sentido occidental a reconocer que una concepción sin una concepción materialista de la naturaleza -además del papel de la dialéctica como necesariamente relacionada con ambas

El libro también desafía a la izquierda occidental a reconocer que una concepción materialista de la historia carece de sentido sin una concepción materialista de la naturaleza -además del papel de la dialéctica como necesariamente relacionada con ambas. De este modo, se supera el largo desvío del marxismo occidental del mundo natural-material, una tarea necesaria en la revolución ecológica y social más profunda que requiere nuestra época.

Vínculos relacionados:

• La Alianza Global Jus Semper

• Monthly Review

• John Bellamy Foster, Brett Clark y Hannah Holleman: Capitalismo y Robo

• John Bellamy Foster, Hannah Holleman y Brett Clark: Imperialismo en el Antropoceno

• John Bellamy Foster y Alejandro Pedregal: El Retorno de la Naturaleza y la Ecología de Marx

• John Bellamy Foster: Marxismo y Ecología

• John Bellamy Foster and Brett Clark: La Expropiación de la Naturaleza

• John Bellamy Foster, R. Jamil Jonna y Brett Clark: El Contagio del Capital

• John Bellamy Foster e Intan Suwandi: COVID-19 y el Capitalismo Catástrofe

• Rob Wallace, Alex Liebman, Luis Fernando Chaves y Rodrick Wallace: Covid-19 y Circuitos de Capital

• Intan Suwandi: Cadenas de Suministros de Valor-Trabajo - La Morada Oculta de la Producción Global

• Álvaro de Regil Castilla: Las Causas Subyacentes de la Inmigración de México a Estados Unidos – Estructuras de Privación 

• Álvaro de Regil Castilla: Desenmascarando los mitos detrás de la malicia estadounidense contra México

• Paul Burkett: ¿Un Punto de Inflexión Eco-Revolucionario? Calentamiento Global, las Dos Negaciones Climáticas y el Proletariado 

Acerca de Jus Semper: La Alianza Global Jus Semper aspira a contribuir a alcanzar un etos sostenible de justicia social en el mundo, donde todas las comunidades vivan en ámbitos verdaderamente democráticos que brinden el pleno disfrute de los derechos humanos y de normas de vida sostenibles conforme a la dignidad humana. Para ello, coadyuva a la liberalización de las instituciones democráticas de la sociedad que han sido secuestradas por los dueños del mercado. 

Con ese propósito, se dedica a la investigación y análisis para provocar la toma de conciencia y el pensamiento crítico que generen las ideas para la visión transformadora que dé forma al paradigma verdaderamente democrático y sostenible de la Gente y el Planeta y NO del mercado.

❖ Acerca de los autores: John Bellamy Foster es editor de Monthly Review y profesor de sociología en la Universidad de Oregón. Haris Golemis es un economista griego que trabajó en el Departamento de Investigación del Banco de Grecia, fue asesor científico de la Federación de Empleados Bancarios Griegos, consultor del Centro de Naciones Unidas sobre Empresas Transnacionales y director del Instituto Nicos Poulantzas de 1999 a 2017. Actualmente es miembro del comité editorial del periódico griego Epoch, asesor científico y estratégico del consejo de administración de transform! europe y coeditor del Anuario transform! europe.

❖ Acerca de este trabajo: Esta entrevista se realizó en diciembre de 2020 para Capitalism's Deadly Threat: transform! europe 2021 Yearbook (Londres: Merlin Press, 2021): 57-72. La Fractura Planetaria ha sido reimpresa y adaptada por Monthly Review con permiso y fue publicada en inglés por Monthly Review en septiembre de 2021. 

❖ Cite este trabajo como: John Bellamy Foster y Paris Golemis: La Fractura Planetaria — La Alianza Global Jus Semper, Marzo de 2022. Este artículo ha sido publicado bajo Creative Commons, CC-BY-NC-ND 4.0. Se puede reproducir el material para uso no comercial, acreditando al autor y proporcionando un enlace al editor original.

❖ Etiquetas: Capitalismo, ecosocialismo, imperialismo, ecología, economía, ecomodernismo, cambio climático, Sur Global, 

Nuevo Trato Verde, COVID-19, antropoceno, revolución ecológica, Marx, Harvey.

❖ La responsabilidad por las opiniones expresadas en los trabajos firmados descansa exclusivamente en su(s) autor(es), y su publicación no representa un respaldo por parte de La Alianza Global Jus Semper a dichas opiniones.Bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

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